* Han construido con el paso de los años un cacicazgo político y económico, beneficiándose con obras de infraestructura, programas sociales y proyectos productivos que no aterrizan para el pueblo.
Xicoténcatl Barajas
Elota es un municipio que por su ubicación geográfica tiene todo para el desarrollo de generaciones de mujeres y hombres con visión progresista, sin embargo, sus deseos de prosperidad son ilusiones, ya que, las ambiciones desmedidas de poder político y económico de la familia Escobar son la cruz que han venido cargando por más de medio siglo los elotenses sin poder gozar de plena libertad y soberanía.
Acaparadores de la política en el que debiera ser para muchos una próspera región; explotadores de los recursos pesqueros de la presa “El Salto”; beneficiarios de programas ganaderos y de agricultura que caen a sus empresas y favorecidos también con proyectos productivos y de infraestructura turística, es la apreciación que muchos elotenses y habitantes de la región tienen hacia los hermanos Escobar Manjarrez: Germán, Geovani, Vicente y Ramón, hijos del desaparecido Vicente Escobar Padilla que fuera en el sexenio de Francisco Labastida Ochoa Presidente Municipal.
Con el paso de los años, los hermanos Escobar que son muy habilidosos para los negocios y, por supuesto, para bajar recursos provenientes de diversos programas agropecuarios, construyeron un emporio como si fuesen dueños de vidas y haciendas en el municipio de Elota, pues la suerte les ha sonreído logrando mantener el control político y económico de esa tierra fértil.
Arropados con el falso ropaje de origen campesino, también están convertidos en especuladores de cosechas de maíz y frijol a través de PAESA (Productores Agrícolas de Elota).
Los hermanos Escobar han venido trazando proyectos que les han sido redituables, tanto en lo político como en lo económico, aprovechando muy bien las coyunturas y circunstancias que se les han presentado, así como las amistades de la cúpula política que les han dado la oportunidad de crecer.
Desde la sierra hasta la costa, Germán, Geovani, Vicente y Ramón, tienen diseminados varios negocios.
De la presa “El Salto” Ramón es el tesorero del Comité de Administración y extraen y comercializan los productos de escama: mojarra tilapia y lobina, las cuales embodegan en la Cruz de Elota. En esta obra hidráulica también construyen un restaurant flotante sin permiso de la Comisión Nacional del Agua.
En el rancho ganadero “La Papalota” que es de su propiedad y que se ubica por la carretera a Cosalá cuentan con un buen número de cabezas de ganado y, hasta donde –se sabe- les llegan recursos provenientes de algunos programas federales.
En la cabecera municipal, son comerciantes a grande escala, compiten con mercados de talla nacional.
Y en playa Ceuta, a orillas del malecón construido con recursos públicos, tienen un restaurante de maricos con venta de cerveza, el cual de un tiempo a la fecha ha servido como el ombligo político de esa región.
Los hermanos Escobar se han rolado desde hace años las posiciones políticas en su terruño y han sostenido hasta la fecha una férrea disputa por el poder con el cacicazgo del senador de la República Daniel Amador Gaxiola, nativo de ese municipio.
Germán Escobar Manjarrez es quien “pilotea la nave”; fue presidente del Comité Municipal Campesino, Diputado Local, Presidente Municipal y dirigente de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del Estado de Sinaloa, trinchera que utilizó para comercializar cosechas en una posible sociedad con el siniestro “coyote semillero”, ex diputado, Jesús Manuel Patrón Montalvo, simulando una real defensa por los productores del sector social ejidal, principalmente por los maiceros y frioleros que a estas alturas no encuentran solución a sus problemas, básicamente, precios justos.
Es preciso mencionar, que Germán como dirigente de la LCA no pudo o no quiso recuperar la infraestructura (bodegas y silos) de las Uniones de Ejidos de Producción Agropecuaria e Industrialización que un día tuvieron los campesinos de Navolato, Angostura, Culiacán y Mocorito, las cuales, mañosamente se las adjudicó el ex gobernador Juan Sigfrido Millán Lizárraga y el tristemente célebre hampón de cuello blanco, Jesús Manuel Patrón Montalvo.
La industria política de los hermanos Escobar tuvo en su época de gloria la fuerza para poner como presidente municipal a su cuñado Arturo Yáñez Cabanillas y sentarlo en una curul del Congreso del Estado.
Ahora, están fraguando conservar el poder municipal llevando de nuevo como candidato al menor de los hermanos, Geovani Escobar, sin embargo, el principio del fin de su maximato se avizora, pues el hartazgo hacia ellos es colectivo y la pérdida del control político en casi todas las sindicaturas del municipio y el resto no les alcanzará para la reelección.
Hay elotenses que se están revelando, quitándose el yugo que por años los Escobar les han tenido puesto y aseguran que la fundación del municipio de Elota fue visionaria por parte de sus precursores, pero con el paso de los años esa familia caciquil desvió el rumbo de su riqueza hacia sus bolsillos empobreciendo a las grandes masas sociales.
