Agustín Barajas Zambrano
El quehacer periodístico en México se encuentra en peligro, amenazado. Vive, quizá, una de las peores épocas después del Porfiriato, que fue combatido con un periodismo crítico y fundamental para informar y orientar a los ciudadanos de ese tiempo, haciendo posible la germinación de la Revolución Mexicana.
Ese periodismo valiente que sirvió para la construcción de un país con mejores condiciones antes y después de la caída de Porfirio Díaz -que perduró por algunas décadas siguiendo las generaciones de periodistas y medios de comunicación de principios del siglo XX- y varios de esta era, el ejemplo de los hermanos Flores Magón que con su periódico REGENERACIÓN contribuyeron en gran medida para que la nación progresara, sin embargo, en los albores del gobierno de Andrés Manuel López Obrador que profesó e imitó al Magonismo para hacerse del poder, el periodismo está padeciendo con su cuarta transformación, ya que los ataques directos lanzados por el Presidente de la República, en contra de quienes ejercemos esta apasionante y mal comprendida profesión, van subiendo de tono.
Hoy, el periodismo resulta ser su peor enemigo y pretende denostar la actividad de los medios de comunicación y periodistas críticos; sus constantes agresiones, desde llamarlos “chayoteros”, y expresiones burlonas como ser parte del “hampa del periodismo”, hasta hacer pública una lista de quienes sostuvieron contratos de publicidad con el Gobierno Federal pasado, son acciones que sus esbirros a través de las redes sociales replican, copiando su modelo de linchamiento en los estados y municipios donde Morena es Gobierno.
Ser periodista en la actualidad es más peligroso porque es el mismo mandatario de la Nación quien incita a sus fanáticos a denigrar el trabajo que por muchos años con pasión, entrega y profesionalismo hemos venido realizando; un noble oficio que logró ganarse el título de cuarto poder y que ahora la cuarta transformación quiere aniquilar, dejando a la deriva a la sociedad, sin contrapesos. Ahora, se trata de neutralizar al periodista bien parido para dar paso a los porros cibernéticos que están expectantes en sus plataformas digitales tratando de infamar los contenidos de alguna investigación periodística que vaya en contra del sistema Lopezobradorista o de Morena, buscando con ello también restarle credibilidad al medio y al comunicador.
El
riesgo para ejercer el periodismo en este sexenio gubernamental está más
latente que nunca, pues ya son 12 los periodistas asesinados y el agravio hacia
el gremio va en aumento mientras que las condiciones para desempeñarlo son
paupérrimas; además, los convenios de publicidad oficial son escasos y las
empresas ya resienten los embates de lo que parece ser una dictadura, por lo
que el desempleo es más en la industria de la comunicación formal, mientras que
las universidades están formando generaciones de periodistas y comunicadores
que en este nuevo régimen les será muy difícil ejercer, pues la “política del
garrote” hacia los medios formales es el deporte que practica AMLO, quien dice
que “ni los oye ni los lee”.
