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Anécdotas de la política
Xicoténcatl Barajas
Rogelio Canto Telleaecha, fue mejor conocido en el gremio periodístico como “El Charrito”, llegó a Sinaloa desde Chetumal, Quintana Roo, en la mera época en la que el PRI tenía todas las posiciones políticas a su favor.
Invitado a tierras sinaloenses por el político guasavense y gran amigo suyo, José Luis Leyson Castro, “El Charrito” estudió junto con él en la ciudad de México una licenciatura, la cual dejó para dedicarse a fotografiar políticos y hampones de cuello blanco, seducido por las bondades del Estado y también por el amor, decidiendo quedarse hasta su muerte por estos lares.
Desde la mitad de la década de los años 80 del siglo pasado, Rogelio Canto se distinguió por el uso cotidiano de un sombrero muy al estilo del sureste mexicano y de un chaleco de reportero gráfico de guerra, así como por ser portador de su inseparable cámara fotográfica cuyo lente capturó miles de rostros y momentos políticos muy especiales.
No faltaron gobernadores, senadores, diputados federales y locales, y gran parte de la clase política de esa época que fuera fotografiada por el bien recordado “Charrito” que, con su buen humor y un acento “achilangado”, con mucha rectitud y decencia, así como por socarronas y espontaneas bromas hiciera reír a carcajadas.
Así le sucedió al profesor y líder magisterial, Daniel Amador Gaxiola, quien siendo legislador en el congreso local se convirtió en cliente frecuente de él, pues sus mejores poses desde la tribuna eran captadas y además publicadas en los medios de comunicación existentes de esos tiempos dosmileros y, fue así, como “El Charrito” hizo su agosto con el profe, quien era más duro que un guayacán para soltar un peso.
Un día, después del desarrollo de la sesión ordinaria en el Palacio legislativo llegó apresurado con su cámara hasta el cubículo del diputado Daniel queriéndole vender un paquete de fotos viejas que tenía tiempo con ellas en su maleta, pero no contaba en que el maestro estuviera malhumorado por lo tedioso del trabajo que habían tenido en el pleno.
“El Charrito” le dijo que tenía ese material, que, si qué hacía con él, contestándole el político nativo de casas viejas, Elota de forma muy despectiva: “mira “charrito”, ya tengo muchas fotos, no me interesan más, así es que haz con ellas lo que quieras y llévatelas”.
Al instante, el fotógrafo se quedó sorprendido con la actitud y negativa de su cliente, quien también de inmediato reaccionó: ¡a ver “charrito”; espérate!, ¿cuánto quieres por esas pinches fotos?, respondiendo de inmediato: ¡lo que consideres que vale tu imagen!
Ambos se carcajearon por la respuesta y el tacaño político tuvo que desembolsar una buena lana de acuerdo al tamaño de su personalidad, porque si pagaba poco, eso era el reflejo del costo de su imagen, así es que tuvo que apechugar el chingazo.
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