¿JUAN DE DIOS GÁMEZ ACABARÁ CON LA MALDICIÓN DEL PALACIO MUNICIPAL DE CULIACÁN?

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Xicoténcatl Barajas

  • A ningún alcalde le ha servido como trampolín político para ser gobernador de Sinaloa; el más cercano fue “Chuy” Vizcarra y ni con todo el poder y tirando carretadas de billetes pudo llegar

En la historia de Culiacán, de a mediados del siglo pasado a la fecha, ningún presidente municipal ha logrado acabar con la maldición que se esgrime tener el Palacio Municipal de la capital sinaloense, pues hay quienes han gobernado el municipio muy bien y ni así han podido convertirse en gobernadores de Sinaloa, pues la gran mayoría de los jefes del ejecutivo estatal ha surgido de otros municipios, del norte y del sur.

Alcaldes bien posicionados y reconocidos por sus gestiones al frente de la comuna culichi y con el respaldo de padrinos políticos de mucho peso en sus distintas épocas, ya sea con el apoyo de presidentes de la república, secretarios de estado, senadores, empresarios o de intereses muy grandes, han visto canceladas sus aspiraciones desde el viejo edificio ubicado por la avenida Álvaro Obregón.

Le pasó al ingeniero Lauro Díaz Castro, priista de cepa y ex dirigente de la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa, quien fue munícipe aun siendo nativo de Salvador Alvarado y que además tuvo todo el respaldo del entonces secretario de gobernación, Francisco Labastida Ochoa.

También lo intentó el cosalteco Sadol Osorio Salcido, primer presidente municipal emanado en 1995 de las filas del PAN, quien se quedó con las ganas de escalar más peldaños en beneficio del estado.

Otro nativo de Cosalá que quiso brincar desde el Ayuntamiento de Culiacán para saborear las mieles del poder estatal fue Jesús Enrique Hernández Chávez “Chuquiqui”, dueño de una gran trayectoria política dentro del PRI, a la que solo le faltó sumar en su vida la gubernatura.

Luego llegó el empresario de la carne Jesús Vizcarra Calderón, oriundo de Tamazula, Durango, quien tenía años atrás del telón de la carpa política financiando campañas para sus amigos tricolores, decidiendo primero ser diputado federal y después mandatario municipal, por cierto, de los mejores que ha tenido la perla del Humaya y, ni con todo el apoyo del entonces gobernador Jesús Aguilar Padilla –su socio- y ni tirando dinero a raudales en imagen política pudo romper esa maldición que tiene el Palacio municipal culiacanense.

Ahora, un culichi de nacimiento y no por adopción, suena fuerte en las encuestas que lo ponen arriba a pesar de la violencia que se vive en el municipio, ese es Juan de Dios Gámez Mendívil, quien a diario da cuenta de trabajo de calle, en las colonias populares y sindicaturas que reciben beneficios diversos de parte del gobierno municipal que encabeza.

¿Será capaz de acabar con la maldición y convertirse en el primer gobernador de Sinaloa que salte desde ese viejo Palacio hasta el tercer piso donde despacha Rubén Rocha Moya? 

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