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- Juan de Dios Gámez también la quiere y hace su luchita
Xicoténcatl Barajas
Es del dominio público que los tiempos político-electorales ya están cerca y, quienes observan, leen, analizan y les gusta enterarse del ajo de estos menesteres, saben interpretar las jugadas de las mujeres y hombres que aspiran a seguir en el servicio público como gobernantes y que aprovechan cualquier momento o circunstancia para mandar mensajes y señales claras como diciendo: ¡yo también la quiero! Tanto los senadores Imelda Castro y Enrique Inzunza , por la naturaleza de sus encargos ciudadanos, se creen merecedores de ser los mandamases del herido estado de Sinaloa y, hacen, cada quien a su manera y midiéndole el agua a los camotes, proselitismo disfrazado, dándose baños de pueblo entre reducidos grupos de morena que los tienen acaparados y que en su mayoría, son las personas que están dentro de algún padrón de los beneficiarios del bienestar, es decir, de los que van a los mitines “de apoyo y de a huevo”. Así mismo, replicando el estilo, en medio de la aterradora violencia que no da tregua en la capital sinaloense que se supone que debería ser del bienestar como el slogan troquelado de la administración actual lo exclama, el presidente municipal, Juan de Dios Gámez Mendívil hace su luchita por sentarse en la silla del tercer piso donde despacha Rubén Rocha Moya y no se limita a quedarse petrificado ante los hechos dantescos generados por los grupos delincuenciales que están en guerra y que tienen a la tierra de los tres ríos sumida en una crisis de inseguridad y parálisis económica; aun así, el primer edil morenista atrae los reflectores y se deja querer por quienes lo ven como un posible candidato de las confianzas del actual jefe del ejecutivo estatal que piensan que puede ser el “bendecido”, por ello se está preparando –dicen- para el momento exacto, es decir, la hora de las definiciones, aunque a estas alturas después de la agresión a los diputados de Movimiento Ciudadano, la clase política al igual que todos los mortales comunes y corrientes tiene miedo y, hay quienes ya no quieren queso, sino, salir de la ratonera.
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