Anécdota de la política
Xicoténcatl Barajas
Amadeo Zazueta Lafarga, es un político en retiro de los buenos que tuvo el Partido Revolucionario Institucional en sus épocas doradas y de los que a su muy peculiar estilo le llamaron al pan, pan y al vino, vino.
Socarrón a más no poder, siempre alegre y dispuesto a tender la mano a propios y extraños, Amadeo pasó por la dirigencia del PRI municipal en Culiacán, fue diputado local, subsecretario de Economía del Gobierno del Estado y cercano colaborador de “caballones” de la política como lo fueron Juan Burgos Pinto, el ex gobernador, Jesús Aguilar Padilla y Alger Uriarte Zazueta.
No son pocas las personas que recuerdan al también empresario maderero y promotor deportivo con mucho aprecio, además por sus innumerables anécdotas aderezadas de buen humor picaresco, de ese que contagia, aun y en las adversidades y estresantes situaciones de la vida.
Amadeo probó las mieles del poder, pero también sufrió pérdidas electorales que le dejaron muchas experiencias en su vida y que marcaron su trayectoria política, más nunca se agüitó ni se pasmó lamentándose, sino, que le dio vuelta a las páginas de ese libro que hoy es invaluable para la historia política sinaloense.
Entre las tantas anécdotas políticas que cuentan amigos y conocidos de Zazueta Lafarga está la de la rebanada de camote que le ofreció a su secretario particular un día que el muy osado le pidió estabilidad económica para su futuro como trabajador.
De inmediato Amadeo atendió la petición de este, quien le exigió prestaciones de ley después de andar en el trajín de la política sin la formalidad de un empleado común, sino, como una sombra pegada con él, ganando por honorarios sin crear antigüedad.
La solución fue práctica y rápida, tal como acostumbraba resolver los problemas Amadeo, según dijeron quienes lo contaron como si hubieran sido testigos: “¡Mira cabrón, cuando se manejó dinero para las campañas y para la operación política del partido tú te quedaste con una rebanada del pastel, y ahora no hay más que ese pastel de camote que ves ahí en el escritorio, así es que, es lo único que puedo darte!”, lanzándole tal expresión a su secuaz, quien no alcanzó a digerirla cuando ya estaba soltando la carcajada junto con Amadeo; ambos se dieron un fuerte abrazo y se quedaron trabados de la risa festinando la puntada.
