Anécdota de la política
Xicoténcatl Barajas
Agustín Barajas Zambrano fue un periodista que ejerció por 61 años el oficio del periodismo de forma independiente, sin ser perro con dueño. Batallando, sufriendo denostaciones, capoteando políticos mentirosos y hasta a los mochasobres que todavía abundan, pero con más descaro. Sin embargo, sacó adelante su proyecto periodístico que aun circula y que está por cumplir 50 años de existencia: ¡AQUÍ POLÍTICA CON TAMBORA!
Como principiante o aprendiz de periodista al lado de Ramón Martínez Montes, fundador y primer presidente de la Asociación de Periodistas de Sinaloa teniendo escasos 22 años de edad, Barajas Zambrano fue testigo de innumerables anécdotas políticas que toda su vida contó y que las dejó como archivo histórico para la posteridad.
Una de esas fue cuando el gobernador Leopoldo Sánchez Célis a quien le apodaron “el hombre del paliacate” organizó un convivio con motivo del día de la libertad de expresión, un 7 de junio, con todos los periodistas que para ese entonces eran pocos y uno que otro chilango que se dejaba venir al chalin a Sinaloa.
Fue en el restaurante la fogata, cuando un chilango enfadoso ya pasado de copas empezó a exigirle a los meseros que atendiera primero a la prensa nacional. El sonsonete fue subiendo de tono y hasta en estribillo se convirtió con el paso de las horas cuando la embriaguez hizo efecto.
¡La prensa nacional maestro; la prensa nacional!, gritaba altanero desde una mesa repleta de botellas vacías, por lo que ya cansado de su actitud, el fotógrafo de la revista MAS (Mejor Agricultura en Sinaloa), Javier García Cota “El Bombillo” que no se dejaba curar parado decidió ponerle un alto a su muy peculiar estilo.
¡Eh, maestro, aquí no vale esa chingadera; aquí en Sinaloa somos igual de rateros todos; sorprendiendo a los asistentes y causando la admiración del gobernador Leopoldo Sánchez Célis, quien soltó tremenda carcajada y festinó la osadía de “El Bombillo” por no tener pelos en la lengua y decir a rajatablas lo que salió de su ronco pecho, haciendo que el goyetero capitalino se quedara callado en seco.
¡Así fue el periodismo bohemio de aquellos tiempos!
