¡LO QUE SEA…QUE SUENE!

  • Las sorpresas de la vida política en este mundo matraca, del cual nadie se escapa
  • Sheinbaum troqueló su sello político y lo imprimió en Sinaloa
  • Graciela Domínguez e Imelda Castro; la unidad de la 4T  
  • Enrique Inzunza Cázarez quedó solo y a su suerte

Xicoténcatl Barajas

Vaya que en la vida política las sorpresas no dejan de saltar en cada momento y, en este mundo matraca, del cual nadie se escapa, los episodios grotescos y bochornosos de los actores y figuras públicas sinaloenses son ya conocidos a nivel mundial por la forma en que se han dado. El regreso de Rubén Rocha Moya al cargo de gobernador dejó atónita por el lapso de 34 horas a la sociedad, detonando en una reacción de rechazo en cadena por la decisión que poco le duró al ex gobernador, quien tuvo que pedir licencia temporal otra vez ante la magnitud y la convulsión política que generó esa acción que, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo calificó como imprudente y, lo demás vino después con la designación que hizo el Congreso del Estado en la persona de la diputada federal con licencia Graciela Domínguez Nava como gobernadora interina por un mes con la posibilidad de ser ratificada como mandataria sustituta para terminar el periodo constitucional del malogrado sexenio rochista. Ante esto, seguramente las expresiones de sectores de la sociedad inconformes fueron escuchadas, analizadas y valoradas por el movimiento de la cuarta transformación que decidió de una vez por todas retirarle el apoyo a Rocha Moya acusado por los Estados Unidos de facilitar operaciones al crimen organizado. Quizá por el descabellado retorno sin consultar a la máxima jerarca del país y de la corriente guinda de la cual emanó él, o porque seguía terco influyendo en el proceso de elección de la coordinación de la 4T, poniendo en riesgo el juego sucesorio cuando desde mucho antes el interés por Sinaloa lo traía la propia Sheinbaum, a quien se atrevió a desafiar, y el costo político ya se conoce, sintiéndose de inmediato en el senado de la república, donde Enrique Inzunza Cázarez, su familiar, asesor y cerebro maquiavélico en su proyecto, haciendo gala de una verborrea literaria plasmada como carta,  citando a juristas y próceres mexicanos se aferró al fuero y hasta se despojó de la camiseta morenista, la cual que se puso desde el 2018, auto llamándose “independiente” porque según se sintió traicionado, pues sus compañeros de partido, desde la presidenta, senadores, diputados federales y hasta los militantes lo dejaron solo y a su suerte, echado como en el coliseo romano a los leones para ser devorado. Así, aunque siga agarrado con las uñas de la curul tendrá que enfrentar las acusaciones que pesan en su contra en un gran jurado de la justicia norte americana por supuestos vínculos con narcotraficantes. Con esto, la jefa del ejecutivo federal troqueló su sello político y lo imprimió en Sinaloa, depositando la confianza en la gobernara interina Graciela Domínguez Nava y en la senadora con licencia, hoy coordinadora de la cuarta transformación, Imelda Castro Castro, quienes están llamando a la unidad social y de la militancia para recuperar la desgastada confianza de su movimiento ante el pueblo sinaloense rumbo a las elecciones del próximo año 2027 que ya están a la vuelta de la esquina, por lo que, cada quien desde sus respectivas trincheras tendrán que hacer su tarea para no fallarle a Sinaloa ni a la presidenta.

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